viernes, 12 de septiembre de 2008

PROHIBIDA LA ENTRADA...

Ya no me divertía con el pelo suelto o las cucharas índigo. Las chicas flacas o gordas me echaban como a un casanova monstruo sin salida grande. En la fábrica todos se procuraban un infarto por miedo al orgasmo. Los demás se divertían menos que yo. Ellos
olían sus medias y yo partía pedófilos de luces con mi brazo nuevo y eterno. Ya no leía sus orillos. En los míos decía siempre puto el que lee. Analfabetos de Dios hasta que la teta monedera templó su entrada.

Nada para los señores hoy. Gana la casa. Dormirse antes de tiempo les dio una redención de arpillera.
Pero volví con mi nariz nueva, otra mejilla y lo que necesito para enterrarlos.

1 comentario:

CC dijo...

Analfabetos de Dios hasta que la teta monedera templó su entrada.


Los analfabetos emocionales son dignos de misericordia padre, oh padre