Estábamos un poco cascados, pero enteros.
No queríamos volver al miedo, a la sinrazón, pero tampoco teníamos práctica fuera de eso. Habíamos sido formados. Las familias buenas y las malas, sobre todo. Buena educación accedida, posiblidades. Todo estaba más o menos en su lugar. Eran las heridas con raíz las que no terminaban de burbujear.
Yo con mi alma signada a la pija, según mis amigos. A la mía.
Todos oliendo alcoholes evaporados y parientes desquiciados, todopoderosos y repugnantes, en alguna parte.
¡Ubuntu Peronista supera los 3 millones de visitas!
Hace 1 semana

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