El auto de Gelblung le dejó los ojos blancos y pocas ganas de mostrar las tetas en el muelle.
Más abajo su túnica será otro disparo enculado sobre los mancos de acero.
Cuarenta valcotes y ninguna flor.
La consecuencia de un amor amañado en su esencia hinchapelotas.
miércoles, 4 de junio de 2008
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